Rueca, 1941-1952: Las mujeres entran de lleno en la edición literaria

México, 1941. Han transcurrido casi 25 años desde que se diera por finalizada la Revolución Mexicana con la Constitución de 1917, que consagra, entre otros derechos, la libertad de prensa. Gobierna el que será el último presidente militar de aquella época, Manuel Ávila Camacho (1940-1946). Un periodo de efervescencia cultural ha comenzado en el país —con el telón de fondo de la Segunda Guerra Mundial— al que contribuirán las numerosas y numerosos artistas e intelectuales españoles exiliados tras la derrota del gobierno legítimo de la II República a manos del fascismo europeo, con el apoyo soterrado de los Estados Unidos y ante la pasividad de los Aliados. México se distingue en sentido contrario, entre otros, con la fundación de La Casa de España por Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas (primer director del Fondo de Cultura Económica) en 1938 con el fin de acoger a todos esos brillantes exiliados y exiliadas (la Casa de España se convertirá en el actual Colegio de México en 1940).

En ese contexto nace Rueca, primera revista literaria fundada y editada exclusivamente por mujeres en México. Muy probablemente, en todo el mundo hispanohablante, de uno y otro lado del océano.

Para poner este hecho en perspectiva, mencionaremos que en los años en que se editó la revista (1941-1952), la mujer no tenía todavía el derecho a voto en México (lo obtuvo en 1953). El segundo sexo, obra feminista clave de Simone de Beauvoir publicada en Francia en 1949, no apareció en español hasta 1954 (concretamente, en Argentina).1 México había participado en la primera ola mundial de feminismo que tuviera lugar en el siglo XIX, pero la siguiente no llegaría hasta finales del decenio de 1960.

A pesar de todo ello, se produce un fenómeno que será esencial para que Rueca vea la luz: la entrada masiva de las mujeres en la educación superior en México, como parte de la efervescencia cultural de la que hablábamos. En efecto, aunque la Constitución mexicana de 1917 partía del principio de que «en el estado en que se encuentra nuestra sociedad las mujeres no sienten la necesidad de participar en los asuntos públicos, como lo demuestra la falta de todo movimiento colectivo en este sentido»2, las mujeres comenzaron a acudir a la Universidad desde su nueva fundación en 1910. En el caso de la Facultad de Filosofía y Letras, creada en 1924, se habla incluso de «feminización»: las mujeres pasaron de ser el 15 por ciento de los estudiantes en 1910 al 78 por ciento en 1926, aunque el cuerpo docente siguió siendo básicamente masculino. Tampoco se les daba cabida como editoras al frente de proyectos editoriales editados desde la propia facultad, como fue la revista Tierra Nueva, como veremos más adelante.3

La publicación se ha descrito como «uno de los primeros esfuerzos nacionales serios de mujeres jóvenes, estudiantes y escritoras, auspiciado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México», que «hizo frente al inexistente panorama de proyectos editoriales dirigidos por mujeres que no consistieran únicamente en textos sentimentales o dirigidos a mejorar asuntos del hogar». 4

La labor editorial de Rueca

Durante los once años en que fue editada, la revista publicó poemas, relatos, ensayos, artículos y reseñas. Reunió colaboraciones de la mayoría de los escritores y escritoras destacados de los años cuarenta y cincuenta en México, así como de toda América Latina, entre los que se cuentan Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Ciro Alegría, Victoria Ocampo, Ernesto Cardenal, Amparo Dávila o Rosario Castellanos, una de las figuras femeninas —y feministas— más eminentes de las letras mexicanas.

Desde la perspectiva española, la publicación dio asilo intelectual, tras el golpe franquista, a escritoras y escritores de la talla de Max Aub, María Zambrano, Juan Ramón Jiménez, Carmen Conde, Luis Cernuda, Concha Méndez, Azorín, Rosa Chacel o Jorge Guillén, sin olvidar que entre sus editoras se encontraba Ernestina de Champourcín, una de las poetas más destacadas de la Generación del 27.

Índice de un número de Rueca

Rueca también publicó traducciones de autores como Paul Valéry, Jean Cocteau, André Gide, Rainer Maria Rilke, T.S. Eliot, Edgar Allan Poe, Sara Teasdale, Allen Tate, John Steinbeck o Stefan Zweig. Por último, la revista incluía ilustraciones de artistas como Frida Kahlo, Diego Rivera o Juan Madrid.

En los veinte números de sus once años de duración se recogieron 365 plumas, 84 de ellas de mujeres, algo inaudito en la época. El grupo de Rueca editó además nueve libros y creó un premio a la mejor obra literaria del año.

Las editoras

Las fundadoras de Rueca eran todas escritoras de distintas generaciones (sus fechas de nacimiento oscilaban entre 1905 y 1930), vinculadas a la Facultad de Letras de la Universidad de México: Carmen Toscano y María Ramona Rey, consideradas «el alma de la publicación», Pina Juárez Frausto, Ernestina de Champourcín, María del Carmen Millán, Emma de Saro y Emma Sánchez Montealvo. Posteriormente, estas primeras editoras fueron dando el relevo a otras literatas: Laura Elena Alemán, Margarita Mendoza López y Margarita Paz Paredes. Desde Francia, Rey recomendó a dos de sus alumnas en la Universidad Femenina, Elena Beristáin y Lucero Lozano. Por último, Toscano invitó a Martha Medrano, que compiló el vigésimo y último número de la revista en solitario.

Quisimos demostrar que éramos capaces de hacer buena literatura y, también, que había en México un grupo femenino que podía publicar una revista literaria seria. Esto último es quizá lo más importante. Por lo que representa de avance cultural y de promoción femenina. Sin duda, había habido en México, a lo largo del tiempo, buenas escritoras, empezando por la incomparable Sor Juana, pero el concepto generalizado de que la mujer solo excepcionalmente rebasa la mediocridad literaria, de que la literatura es en su vida un desahogo secundario, no digno de tomarse en serio, prevalecía aún en México en 1940, cuando pensamos en editar Rueca, inclusive entre los escritores. […] Si en Tierra Nueva se nos hubiera permitido participar activamente y considerarla también nuestra obra, Rueca no se habría editado.

María Ramona Rey

Estas declaraciones fueron hechas por María Ramona Rey a Luz del Carmen Fentanes Rodríguez 5 mucho tiempo después, ya por los años setenta del siglo pasado, y reflejan muy bien lo que la publicación pretendía y significó.

La excelente labor editorial realizada por un grupo compuesto exclusivamente por mujeres logró un éxito impensable en un tiempo en que se excluía a la mujer de tareas intelectuales como la edición por considerarla incapacitada para ello. Rueca obtuvo un reconocimiento a escala internacional que se tradujo en intercambios editoriales con publicaciones de diversos países y la suscripción a la revista de medio centenar de universidades extranjeras, entre ellas, la Universidad de Yale (Estados Unidos), que en 1945 catalogó a Rueca como una de las mejores publicaciones del continente americano. 6

La página de créditos de Rueca, donde aparecen los nombres de sus editoras. A la derecha, el comienzo de un poema de Paul Valéry, traducido por Jorge Carrera Andrade (el nombre de los autores aparecía al final de cada texto)

Vivir la igualdad antes de tiempo

Sin embargo, en el tiempo en que se editó Rueca, sus fundadoras tuvieron que hacer frente a todo tipo de prejuicios. El escritor José Vasconcelos, por ejemplo, declaró que «mejor harían en editar una revista verdaderamente femenina, de modas y recetas de cocina» (según cuenta Rey a Fentanes). Hasta la aparición de Rueca, incluso las revistas que trataban temas considerados femeninos estaban dirigidas por hombres.7

También sus coetáneos masculinos más entusiastas encasillaron la revista dentro de los estereotipos de género imperantes en la época. Así definía a las editoras de Rueca su amigo José Luis Martínez, en un artículo titulado Literatura femenina: «jóvenes todas ellas, estudiosas de las letras, han sabido unir a su excelente educación una temperatura femenina de muy mexicano decoro».8

La investigadora feminista Elena Urrutia puso de manifiesto en un artículo de 1998 el lenguaje utilizado en este tipo de artículos: términos como “temperatura femenina”, “decoro”, “discreción”, salpicaban el texto, por otra parte, muy elogioso, de la iniciativa.9

Las resistencias culturales también se pusieron de manifiesto en el hecho, contado por la escritora y crítica literaria Fabienne Bradu, de que algunas lenguas mordaces se referían a la publicación con el apodo despectivo de «recua».10

A propósito del nombre, son interesantes —y poéticas— las declaraciones de la otra alma mater de Rueca, Carmen Toscano, que en una conferencia dada mucho después11 explicó que le inspiraba evocaciones clásicas, como el tejido de Penélope. También lo relacionaba con el medioevo, pues la experiencia había sido:

… cosa curiosa, como dejar a un lado la rueca y echarse a andar por el mundo y salirse al bosque y montar al lado de los caballeros e ir con ellos a la guerra, en vez de asomarse al balcón para verlos de lejos y seguir con la tarea de los tejidos y de los sueños.

Carmen Toscano

Carmen Toscano también habló en aquella conferencia de los motivos que condujeron al fin de la experiencia: «El principal motivo de dispersión fue el matrimonio. Solamente Emma Saro y yo, casadas ya desde el primer momento, quizá por el entrenamiento que teníamos, pudimos resistir la doble tarea».

Sin embargo, las malas lenguas adujeron que los celos de algunos maridos por las «conquistas comerciales» de sus esposas habían contribuido al fin de la revista. La misma Toscano declaró que José Luis Martínez la había dado por muerta en lo relativo a Rueca por haber cometido el «antiliterario error de contraer matrimonio».

Rueca, ¿una revista feminista?

Es interesante considerar Rueca desde una perspectiva de género. Según María Ramona Rey, la creación de la revista no había tenido nunca el propósito de ser una publicación feminista. Sin embargo, también declaró que «la reticencia masculina nos obligó, indirectamente, a formar un grupo exclusivamente femenino».12

A pesar de lo inusitado de sus logros para la igualdad de la mujer en el terreno cultural, la revista Rueca fue bastante criticada por las feministas de generaciones posteriores. En su tesis, redactada en 1981, Luz del Carmen Fentanes puso de manifiesto la ausencia de una sección editorial en Rueca, lo cual les había evitado hacer explícita una ideología literaria o una intención política determinadas. Así, las editoras nunca se definieron en estos terrenos —como tampoco en el estético— a pesar de haber desarrollado su labor en un momento histórico marcado por un acontecimiento crucial en el plano internacional: la Segunda Guerra Mundial, con su prólogo, la Guerra Civil Española. No olvidemos que se trata asimismo de las décadas posteriores al fin de la Revolución Mexicana, que había generado, entre otras, una querella entre nacionalistas y universalistas en la que Rueca tampoco intervino (aunque Fentanes sitúa a la revista entre los segundos).

Durante los años ochenta también se criticó a las editoras de Rueca por falta de originalidad en la selección de obras publicadas, llegando incluso a afirmarse que la publicación no aportó nada nuevo a la literatura del momento.13 Cabe preguntarse, conociendo el contexto en que su labor editorial se desarrolló, qué tipo de recepción habría desencadenado la revista si sus editoras hubiesen buscado la innovación en el plano estético, por ejemplo.

En la década de 2000, las críticas fueron más matizadas. La historiadora Julia Tuñón nos remite a Michel Foucault al afirmar que «cada período histórico tiene un marco limitado para mirar, nombrar y entender su entorno, límites de la percepción que propician lo que puede ser concebido, dicho y/o visto ; y desde ahí se construyen socialmente las fronteras de lo mostrable y lo visible, lo nombrable y escuchable, lo que se incluye y lo que se excluye, en suma, los filtros de la mirada y de la palabra, creando el mundo de lo obvio pero también de lo secreto, lo reprimido, lo prohibido, lo adecuado y lo inconveniente».14

Quizás, en el caso de Rueca, era ya suficiente novedad que asimilar para la época que toda la plantilla estuviera compuesta de mujeres jóvenes capaces de convocar a las más prestigiosas plumas del momento, y de incorporar, como hemos señalado, hasta un tercio de plumas femeninas, ignoradas en la mayor parte de las publicaciones del momento en lengua española.

Cuando fueron entrevistadas en la década de los setenta por Fentanes, las editoras de Rueca supieron poner de relieve su condición de precursoras. En palabras de María Ramona Rey:

El valor de nuestra revista radica en su afirmación social —no individual o excepcional— de la capacidad literaria femenina. Rueca, en México, significó el acceso de la mujer a la igualdad literaria.

María Ramona Rey

Desde esa perspectiva, Rueca cobra hoy una luz nueva revelándose de una gran modernidad. Sus editoras actuaron como si la igualdad fuera ya un hecho. Y lograron que lo fuera. Y si bien muchas de ellas desaparecieron del mapa literario poco después, otras siguieron su labor de pioneras. En concreto, María del Carmen Millán llegó a ser la primera mujer admitida en la Academia Mexicana de la Lengua, en 1975.

Rueca significó un lugar para la mujer dentro de un mundo —el literario— en el que se la ha considerado una intrusa hasta hace apenas unas décadas y en el que todavía hoy pena por conquistar muchos espacios, en concreto, el de la crítica y el de la edición. Como dice la investigadora Leticia Romero Chumacero, Rueca fue, como mínimo, «una señal en medio del camino».15

Los veinte números de Rueca fueron publicados en 1984 por Fondo de Cultura Económica en edición facsimilar, dentro de la serie Revistas Mexicanas Modernas, y pueden adquirirse ahora en versión impresa a través de Iberlibro, o en versión digital de 2018 a través de Google Play.

La contraportada de Rueca

Notas

  1. SMALDONE, Mariana. 2015. «Las traducciones rioplatenses de Le Deuxième sexe, de Simone de Beauvoir: marcas de época en torno a la enunciación de identidades generizadas». En Traducción, género e identidad, Mutatis Mutandis, vol. 8, núm. 2, pp. 394-416.
  2. Véase la entrada sobre Sufragio Universal Femenino de Wikipedia.
  3. La historiadora Julia TUÑÓN ofrece una interesante descripción del marco histórico en el que se desarrolló la labor de Rueca en TUÑÓN, Julia. 2006. «Nueve escritoras, una revista y un escenario: cuando se junta la oportunidad con el talento», en Nueve escritoras mexicanas nacidas en la primera mitad del siglo XX y una revista, Instituto Nacional de las Mujeres (Colegio de México), pp. 3-32.
  4. SOLÓRZANO ESQUEDA, Lilia. 2018. «Las poetas en la revista literaria mexicana Rueca (1941-1952)», Nueva Revista del Pacífico 68, (147-161).
  5. FENTANES RODRÍGUEZ, Luz del Carmen. 1982. Índices de Rueca, tesis doctoral, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, México.
  6. ROMERO CHUMACERO, Leticia. 2005, “Rastreando «la tarea de los tejidos y de los sueños». La recepción de Rueca”, en Tema y variaciones de literatura (Revistas y suplementos literarios de México siglo XX), vol. 25 (semestre 2), revista de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco, p. 11.
  7. Elena URRUTIA (2006) proporciona un buen resumen de las ediciones femeninas existentes en México antes y después de la aparición de Rueca en su artículo titulado «Rueca, una revista literaria femenina», en Nueve escritoras mexicanas nacidas en la primera mitad del siglo XX y una revista, Instituto Nacional de las Mujeres (Colegio de México), p. 367-382.
  8. ROMERO CHUMACERO 2005, p. 11.
  9. URRUTlA, Elena. 1998. «Una revista feminista en México», en Mujeres latinoamericanas del siglo XX. Historia y cultura, tomo II, obra coordinada por Luisa Campuzano, México-La Habana, UAM- 1, Casa de las Américas (Cuadernos Casa, 36, Serie Coloquios), p. 215-222.
  10. ROMERO CHUMACERO, 2005.
  11. TOSCANO, Carmen. 1964. «Rueca», en Las revistas literarias de México, México, FNBA, p. 93-112.
  12. FENTANES, 1982.
  13. URRUTIA, 2006.
  14. TUÑÓN, 2006.
  15. ROMERO CHUMACERO, 2005.

3 thoughts on “Rueca, 1941-1952: Las mujeres entran de lleno en la edición literaria

  1. Muy interesante e ilustrativa

  2. Muy interesante conocer a dichas pioneras editoras. Lo que me choca es el nombre Rueca, tan alusivo a una labor u ocupación reservada a las féminas. A mi me evoca el cuento de la bella durmiente que me parece un horror. Imagino que tiene un significado simbólico claro está, pero la primera impresión podía confundir.

    1. Lola Illamel 15/06/2022 — 12:51

      Gracias por tu comentario. En efecto, a mí me pasó lo mismo con el nombre, también me hacía recordar el cuento. Ellas le daban un sentido distinto.

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