Elena Soriano Jara

Biografía y obra

Elena Soriano Jara (1917-1996) es una de las escritoras españolas del siglo XX —en concreto, de la generación del medio siglo— más innovadoras, más feministas y más castigadas por la censura franquista. Su pleno rescate literario todavía está pendiente.

Nació en el pueblo madrileño de Fuentidueña de Tajo el 4 de febrero de 1917 y vivió durante su infancia en pueblos de Castilla y de Andalucía, siguiendo los destinos de su padre, maestro rural. Publicó sus primeros trabajos a los catorce años en periódicos de Córdoba y Barcelona. En 1931 se trasladó a Madrid, donde se licenció en Magisterio y comenzó estudios de Filosofía y Letras que tuvo que interrumpir a causa de la Guerra Civil.

Al final de la Guerra contrajo matrimonio con Juan José Arnedo, militante socialista condenado a veinte años de prisión por «auxilio a la rebelión». Como consecuencia, el régimen impidió a Elena Soriano terminar sus estudios y la bloqueó en unas oposiciones públicas a bibliotecas, a pesar de haber obtenido en ellas la calificación máxima, tras lo cual se recluyó por un tiempo en la vida familiar.

Su vocación literaria se manifestó plenamente en 1951, con la publicación de su primera novela, Caza menor (ed. La Nave, 1951; reeditada por Prensa Española en 1976). Ambientada en los pueblos de su infancia, esta obra se inscribe en la tradición de los clásicos del realismo, en la línea de Los Pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán, y fue acogida con gran éxito de público y crítica. Tuvo incluso cierta proyección internacional: fue adoptada como texto escolar en Francia y en algunas escuelas de Estados Unidos.[i] En los años ochenta se la consideró una novela ecológica, «por su exaltación de la naturaleza y el campo», y algunos críticos llegaron a mencionarla como una de las mejores novelas españolas de su tiempo.[ii]

Una desafortunada prueba de la proyección de esa primera novela fue su descarado plagio por el director de cine Carlos Saura y su guionista, Rafael Azcona, en la película Ana y los lobos (1972). Soriano lo denunció a la Sociedad de Autores, que reconoció el plagio pero nada pudo contra los influyentes tentáculos del aclamado director.[iii]

Elena Soriano escribió a continuación una trilogía titulada Mujer y hombre (ed. Calleja, 1955, reeditada por Plaza y Janés en 1986), compuesta por tres novelas cortas (La playa de los locos, Espejismos y Medea) de temática común (aunque sin conexión argumental), muy novedosas tanto por el estilo como por el tema abordado. La investigadora Paz Cepedello, que ha estudiado a fondo la narrativa de Soriano, describe esta trilogía como «un intenso lamento de la situación de la mujer española en la postguerra, una denuncia constante de la incomunicación entre ambos sexos y una búsqueda de la identidad femenina diferente a la que el sistema patriarcal tradicional ha venido imponiendo durante siglos». Se trata de las historias de tres mujeres que, con la madurez, experimentan la pérdida de su valor a los ojos de la sociedad, tres «fracasadas», como apunta Cepedello «en el sentido más estricto del término en tanto que, a pesar de sus largas reflexiones con un contenido claramente feminista, no consiguen cambiar la situación a la que se han visto relegadas por su condición de mujer».[iv]

En lo que respecta al estilo, puede decirse que esta trilogía participó plenamente en el movimiento de renovación de la narrativa española de posguerra que se inició en la década de los cincuenta, junto con La colmena, de Camilo José Cela (publicada en España en 1955, el mismo año que Mujer y Hombre), El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio (Premio Nadal 1955, publicada en 1956) o Entre visillos, de Carmen Martín Gaite (Premio Nadal 1957, publicada en 1958) y que culminaría, según los críticos y estudiosos, en 1962, con Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos.

En efecto, según el análisis que hiciera la investigadora Janet Pérez (Universidad Tecnológica de Texas), Soriano utiliza en su trilogía una combinación de recursos estilísticos fruto de su profundo conocimiento de las literaturas anglosajona y francesa (Joyce, Faulkner, Gide, De Beauvoir, etc.), desde las unidades aristotélicas modificadas hasta el flashback y el monólogo interior, dando lugar a un estilo muy personal y novedoso en su momento, que se adelanta incluso a Tiempo de silencio en la incorporación de estas técnicas a la literatura en castellano. Logra una gran intensidad narrativa gracias a la singular unidad de tiempo, lugar y acción de cada novela, algo que también encontramos en La colmena o El Jarama, pero en el caso de Soriano la novedad es el modo en que se introduce la perspectiva mediante el uso del flujo de conciencia y el recuerdo retrospectivo.

Es patente la experimentación consciente de la autora con muy diversas técnicas literarias, así como la impronta de determinadas teorías (por ejemplo, las orteguianas). De hecho, posteriormente Soriano demostró ser una teórica bien informada, embarcada en una búsqueda simultánea de expresión artística y de respuestas a preguntas personales sobre el arte de escribir y su impronta en el mundo.

¿Cómo es posible pues que esta trilogía haya vuelto a caer en el olvido, incluso después del intento de recuperarla en los años setenta y ochenta del siglo pasado? Analizaremos la cuestión en una próxima entrada de nuestro blog.

El primer obstáculo con que se toparon la originalidad y el feminismo de vanguardia de Elena Soriano fue, por supuesto, la censura franquista, con la que La playa de los locos, primera novela de la trilogía, tuvo enormes problemas: su circulación y venta quedaron prohibidas pocos días después de que el editor Saturnino Calleja la publicara, hecho que repercutió en toda la trilogía y en toda su obra narrativa (Soriano también cultivó el cuento).

La playa de los locos nos presenta a una mujer sorprendentemente emancipada para su tiempo (la posguerra) recordando a un antiguo amor de juventud que desapareció sin dejar rastro al finalizar la Guerra Civil. Aunque la temática del exilio político aparece velada, no fue esta la razón de la brutal censura que sufrió la obra. La novela se consideró inmoral por el tratamiento que hacía del erotismo femenino, del tabú de la virginidad y de otros condicionamientos sociales utilizados por la dictadura para oprimir a las mujeres.

Este hecho tuvo un efecto demoledor en la vida y en la obra de Elena Soriano. Así lo cuenta la propia autora en el prólogo a la edición de Plaza y Janés de Mujer y hombre de 1986:

Mi novela La playa de los locos jamás consiguió la tarjeta de autorización para imprimirse legalmente. Fue rechazada en su totalidad, de principio a fin, a pesar de que recurrí a todos los medios a mi alcance para salvarla, en un absurdo forcejeo solitario con invisibles enemigos en todos los escalones jerárquicos del Ministerio de Información y Turismo, a lo largo de casi un año; mientras, en mí se formaba y crecía un «complejo» de culpabilidad, de humillación, de persecución y de impotencia, realmente kafkiano; (…) Lo cierto es que el [problema] de La playa de los locos me hizo daños irreparables de todo orden: su edición carente de difusión y propaganda repercutió sobre la trilogía entera y anuló sus perspectivas comerciales y mi incipiente actividad novelística. Pero lo más importante de aquella derrota es que me dejó, por mucho tiempo, destrozada y acobardada moralmente, sin estímulo para proseguir mi labor literaria, presa del «complejo» psicológico antes señalado, por el que llegué a sufrir graves crisis depresivas, hasta con ideas suicidas, pues aún era yo lo bastante joven e ingenua para pensar que un escritor que no puede existir ante los demás como tal, ya está muerto esencialmente.[v]

Elena Soriano no volvió a publicar ninguna otra novela en toda su vida después de esta malograda trilogía. En una Antología biográfica de escritoras españolas publicada en 1954, (ed. Biblioteca Nueva), Isabel Calvo de Aguilar reseña que, desde 1951, Soriano colaboraba en diversas revistas, como Destino, Índice, Poesía española o Revista de Literatura, con relatos, artículos y ensayos. Menciona, además de La playa de los locos y Espejismos, otra novela corta titulada El guía del Museo, y también reseña que Soriano trabajaba en aquel momento en un ensayo sobre André Gide y en dos novelas largas, una de las cuales, «de próxima aparición», llevaría por título El metro.

Existe un rastro de El guía del Museo,[vi] pero no de este último proyecto. Durante las tres décadas siguientes (años sesenta, setenta y parte de los ochenta del siglo XX), Soriano se concentró en el ensayo y la crítica, y en la escritura esporádica de relatos. En 1969, aprovechando la tímida apertura que había supuesto la Ley de prensa e imprenta de 1966 (la denominada «Ley Fraga»), fundó El Urogallo, quizá la revista literaria más importante de los años setenta en España, que dirigió y financió de su propio bolsillo hasta 1976.[vii]

El Urogallo es uno de los grandes testimonios del compromiso político e intelectual de Elena Soriano en favor de la libertad de pensamiento y de prensa. La investigadora María Jesús Soler Arteaga califica esta revista como «un verdadero foro intelectual y social dentro de España, porque permitió que publicaran en sus páginas escritores que estaban en el exilio, escritores que pertenecían al exilio interior». También permitió dar a conocer a escritoras y escritores extranjeros que se revelarían posteriormente como grandes figuras, así como obras de las literaturas en catalán y gallego. Puede escucharse su declaración en el siguiente vídeo:

Una tragedia personal motivó el regreso de Soriano a géneros más subjetivos: la muerte de su hijo Juanjo a la edad de 24 años a causa de las drogas la llevó a una larga y angustiosa exploración autobiográfica en Testimonio materno, publicado por Plaza y Janés en 1986. Fue su mayor éxito editorial, con el que Soriano, una vez más, se adelantaba décadas al boom de un género, el ensayo narrativo, y a la importancia de temas como los cuidados y la condición de madre como objeto literario y filosófico.

En efecto, las críticas de la época hablan de «tres elementos» constituyentes de esta obra: el emotivo, el narrativo y el analítico, como recoge la investigadora I-Fan Chen en un estudio publicado antes del auge actual de la literatura del yo. Chen habla de «mezcla de géneros […] en la frontera entre la biografía y el ensayo», es decir, todo lo que constituye el popular género actual del ensayo narrativo, como apuntamos.

Cabe señalar también que Soriano cedió todos los derechos de su obra más vendida (un auténtico best-seller) a Cruz Roja Española, que creó con ellos la fundación CREFAT, en apoyo a la juventud marginada por problemas de toxicomanía y drogadicción.

Según destacó la crítica literaria Concha Alborg, esta obra constituye un testimonio social, una denuncia de la situación vivida por toda una generación, a la que perteneció Juan José Arnedo Soriano, hijo de la autora. La significación social de la obra fue tal que, como ella misma señala, poco después de su publicación, el Ayuntamiento de Fuentidueña de Tajo la nombró hija predilecta del municipio y dio su nombre a una calle.[viii]

Este innovador e influyente Testimonio tuvo, sin embargo, el desafortunado efecto colateral de eclipsar —más de lo que ya estaba— el resto de la obra narrativa de la autora, e incluso su obra crítica.

En concreto, urge la relectura, reedición y reinterpretación de su trilogía, Mujer y hombre, a la luz de los aportes de la cuarta ola de feminismo y de la nueva literatura social surgida a partir del 15M. Soriano podría haberse adelantado dos décadas al grito de guerra del feminismo radical, «lo personal es político», que surgió a finales de los sesenta, y otras dos más al tratamiento literario, sin tapujos ni sesgos ni autocensura, de los aspectos más denostados de la condición femenina, como la práctica del cuidado, la maternidad o lo que ella misma denominaba los «pequeños derechos», es decir los derechos sexuales y reproductivos. Profundizaremos en ello en una próxima entrada de nuestro blog.

Además, Janet Pérez apunta, desde una perspectiva comparada, a aspectos de la obra narrativa de Soriano que no se han revelado en las críticas y estudios internos: en concreto, su talante existencialista. Esto podría incluso modificar la visión general que tenemos de la generación del medio siglo y de su producción literaria, en el sentido de que no todo fue realismo tremendista o social y que quizás convendría indagar un poco más en producciones que han quedado en la sombra, como la de Elena Soriano.

La obra narrativa de Elena Soriano se completa con dos antologías de relatos escritos entre los años cincuenta y los años ochenta: La vida pequeña. Cuentos de antes y de ahora (Plaza y Janés, 1989) y Tres sueños y otros cuentos (Huerga y Fierro, 1996, que se publicó pocos días antes de su muerte). La segunda colección retoma la práctica totalidad de los publicados en la primera y añade un nuevo cuento, además de los «tres sueños», con los que la autora se adentra en su propio mundo onírico.

Según I-Fan Chen, que ha estudiado la narrativa breve de Elena Soriano, en estas colecciones se incluyen los relatos que muestran la inspiración fundamental de la autora: la condición humana desde una perspectiva individual, imbricada en un contexto histórico y social, el de España desde la posguerra de los años cincuenta hasta las décadas de la transición. Aunque se inscribe en la tradición realista, cabe señalar algunas piezas originales, como por ejemplo, sus tres «sueños».

Soriano confesó en alguno de sus ensayos y entrevistas que el cuento fue durante años su género favorito como lectora, aunque consideraba su escritura más difícil. Tenía un concepto clásico del género, que ha llevado en ocasiones a no considerar su narrativa breve tan innovadora como sus novelas. Paz Cepedello destaca «una más que notable influencia del séptimo arte» y «un dominio del tiempo, en tanto recurso narrativo, digno de mención», así como una aportación al género por los temas tratados: las situaciones que encuentran las mujeres bajo la represión de la sociedad patriarcal, la injusticia del sistema judicial, las diferencias entre las clases sociales, la explotación de las niñas y niños, con algunas incursiones, como hemos visto, en lo fantástico a través de lo onírico.

Por último, la obra crítica y ensayística de Elena Soriano ha sido recogida por Carlos Gurméndez en tres volúmenes titulados Literatura y vida (Anthropos Editorial, 1992, 1993 y 1994), una compilación de artículos y ensayos de crítica literaria y filosofía sobre temas como La emoción en el teatro de Sartre, La culpa de André Gide, La juventud como problema o La obra de Baroja durante la República, pero también, El castor, sobre Simone de Beauvoir y el feminismo, La personalidad de Concepción Arenal, Una adelantada para su tiempo, Escritoras de “los cincuenta” o La personalidad de Mercè Rodoreda.

Por la profundidad y factura de los ensayos más filosóficos, Gurméndez define a Soriano en el prólogo a la compilación como «una científica social que nos previene contra las situaciones futuras, al verlas emerger de las corrientes enrevesadas de la Historia». Por otra parte, Paz Cepedello destaca la capacidad crítica y visionaria de la autora, y vuelve a hablarnos de su maestría en la combinación de análisis y experiencia personal, que podría convertir a Soriano en una precursora del ensayo narrativo en España.

Elena Soriano Jara murió en Madrid, el 2 de diciembre de 1996. En mayo de 2000, su hija, Elena Arnedo Soriano, publicó a título póstumo, El donjuanismo femenino, «el resultado de los últimos años de trabajo literario de mi madre», según declaró.

Justo es reconocer también el legado familiar de Elena Soriano: además de publicar la obra póstuna de su madre, Elena Arnedo tomó el testigo materno en la lucha por los derechos de las mujeres en España desde el ejercicio de su profesión, la ginecología, convirtiéndose en pionera en la defensa de los derechos sexuales y reproductivos e impulsora de los primeros centros de planificación familiar que se crearon en España a principios de los años setenta.

Reconocimientos

En Fuentidueña de Tajo, su pueblo natal, se dio el nombre de Elena Soriano a la calle principal y se la nombró hija predilecta del municipio tras la publicación de Testimonio materno.

En 1991 se concedió a Elena Soriano el premio Rosa Manzano por su labor como escritora progresista, y en 1993, la Medalla de Oro Individual de la Comunidad de Madrid por su obra literaria en defensa de la libertad de pensamiento y de los derechos humanos.

Ya a título póstumo, en Suances, localidad cántabra donde solía veranear con su familia y que inspiró su libro La playa de los locos, se le erigió una estela de piedra frente al mar en 1997. Asimismo, en el décimo aniversario de su muerte se creó en esa localidad un concurso internacional de relato corto con su nombre, que también se le dio a la biblioteca municipal y a una calle de su casco antiguo.

En el ámbito propiamente literario e intelectual, la revista República de las Letras, de la Asociación Colegial de Escritores, le dedicó un número monográfico en 2001 titulado «Homenaje a Elena Soriano y El urogallo», en el que se incluyeron colaboraciones de figuras como Vicente Aleixandre, Camilo José Cela, Alfonso Sastre, Joaquín Leguina y su gran amiga, Josefina Aldecoa, entre otros.

Esperamos que la obra de Elena Soriano Jara se reedite y estudie de nuevo en el contexto actual, a fin de elucidar su plena significación en nuestras letras y en nuestra historia, e incorporarla así al canon y a los manuales de literatura en el lugar que le corresponde.

Textos de Elena Soriano en LíbereLetras

Fuentes

Calvo de Aguilar, Isabel, Antología biográfica de escritoras españolas. Madrid: Biblioteca nueva, 1954.

Cepedello Moreno, María de la Paz, El mundo narrativo de Elena Soriano. Tesis doctoral (Universidad de Córdoba), 2006.

Galerstein, Carolyn L. (editora), Women Writers of Spain. An Annotated Bio-Bibliographical Guide. Wesport (Estados Unidos): Greenwood Press, 1986

I-Fan Chen, Un estudio analítico de Elena Soriano y su cuentística en La vida pequeña y Tres sueños y otros cuentos. Tesis doctoral, 2005.

Mora, Miguel, Fallece la escritora Elena Soriano, fundadora de la revista El Urogallo, El País, 5 de diciembre de 1996.

Pita, Elena, «Entrevista a Elena Arnedo», La Revista, 19 de octubre de 1997.

Pérez, Janet (Texas Tech University), Contemporary women writers of Spain. Boston: Twayne Publishers, 1988.

Soler Arteaga, María Jesús, Locas en la obra de Elena Soriano, en Locas, escritoras y personajes femeninos cuestionando las normas: XII Congreso Internacional del Grupo de Investigación Escritoras y Escrituras (1558-1572), Sevilla: Alciber, 2015.

StuDocu, Elena Soriano, California State University San Bernardino.

Varios Autores, «Homenaje a Elena Soriano y El urogallo», República de la Letras 73, número monográfico, diciembre de 2001. Asociación Colegial de Escritores.


[i] Según reseña Janet Pérez en Contemporary women writers of Spain, 1988.

[ii] Así lo recoge la propia Soriano en su ensayo Para una tesis doctoral, citado por la investigadora I-Fan Chen en Un estudio analítico de Elena Soriano y su cuentística(2005).

[iii] Véase el estudio de Paz Cepedello Moreno, El mundo narrativo de Elena Soriano (2006), página 32 y nota 47.

[iv] Ver nota iii.

[v] Cita reproducida en el estudio de Paz Cepedello Moreno, nota ii.

[vi] Es mencionado como «cuento» por Marsá Vancells en su libro La mujer en la literatura, Madrid: Ediciones Torremozas, 1987.

[vii] En este enlace pueden verse los índices de la revista, que darán una idea de la envergadura literaria de la misma. Puede consultarse también esta obra. No ha de confundirse con la publicación que entre 1989 y 1996 dirigirá José Antonio Gabriel y Galán retomando simplemente la cabecera de la revista de Soriano (más información aquí).

[viii] Recogido en el estudio de I-Fan Chen.

Fotografía tomada de la Antología biográfica de escritoras españolas, de Isabel Calvo de Aguilar, Madrid: Biblioteca Nueva, 1954.


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