Único

Miguel Ángel Malo

© Miguel Ángel Malo, 2021
© de esta edición digital:
LíbereLetras, 2021
bajo licencia CC-BY-NC-SA
© de la imagen de portada:
Christopher C.,»Espero alcanzarte»
(CC-BY-SA, visible en Flickr)
Diseño web:
Eduardo Gayo López


Registro 1

Querría contarte todo lo que sé; pero solo tengo tiempo para grabar unos pocos registros que podrás recuperar cuando tengas quince años estándar, cuando yo solo sea una recreación de la inteligencia artificial de nuestro almacén familiar.

Me pregunto cómo serás al leerlos. A tu edad, si me hubieran dejado, habría pasado días enteros contemplando el vuelo elegante de las alfombras, viendo cómo se enredan en las corrientes de aire o cómo planean, lentas, para descolgarse de repente desde lo alto. Imagino que, como yo hice, jugarás a contar cuántos colores tienen. Te diré que me sigue gustando buscarlas en el cielo. Las de colores más claros son las más difíciles de ver, porque apenas destacan contra nuestro cielo tan pálido. Te diré un secreto que debes guardar: hay que esperar a que crucen el límite de una nube y entonces brillan. Así contarás más alfombras voladoras que cualquiera de tus amigos.

Pero hay otro secreto, que es el que de verdad quería revelarte hoy: no serás como ninguno de tus amigos a partir de ahora. Ni siquiera tu madre te lo habrá dicho, con la esperanza de que no suceda contigo, pero yo sé que a partir de tus quince años crecerás más despacio que los demás. Tendrás mucho tiempo para aprender y, pronto, sabrás mucho más que cualquiera que tenga tu misma edad aparente. Tendrás las emociones de un joven, pero irás acumulando la sabiduría que viene con la edad.

A mis compañeros no les gustaba que yo fuera así y aprendí pronto a no destacar. Cuando logré pasar por uno más, fui más feliz. Por eso, no debes ganar cuando juguéis a contar alfombras. Cuéntalas todas, pero solo para ti y para mí.

Registro 2

Hoy hemos celebrado la Ceremonia del Recuerdo, pero ni siquiera he podido quedarme hasta el recitado del nombre de los viajeros. Tu madre ha tenido que traerme a casa. Dice que tengo que descansar, pero he recordado que yo mismo, a los quince, no tenía ningún interés en la Ceremonia del Recuerdo. Me parecía larga y aburrida; como a ti, seguramente. Tan solo me gustaba cuando entonábamos todos la Canción de Abinar, con su exaltación de la vida y de la muerte en este mundo, afirmando que somos parte de él y que es nuestro hogar en el universo.

Ahora soy mucho más viejo y entiendo bien que, en este mundo, la Ceremonia del Recuerdo no es solo para los que recorrieron ocho años luz gastando su vida en el espacio y para los primeros copiados, como en otros lugares. Esto es lo que quiero decirte hoy: aquí, en realidad, la Ceremonia celebra a todos, incluidos los vivos, porque todos son copias. Nadie lo reconoce ni habla de ello; ni siquiera tu madre, tan valiente y maravillosa, quiere oírlo siquiera. Solo tú y yo hemos nacido en este mundo. No hemos sido copiados, al igual que los que sacrificaron gran parte de sus vidas para llegar hasta aquí a través del espacio.

Ocho años luz no parecen gran cosa, pero hay que recorrerlos. Eso decía mi primer padre. ¿Te han contado que, en realidad, perdieron varias décadas, porque nadie puede hibernar todo ese tiempo? Solo se puede hibernar durante tres o cuatro sesiones; en total unos pocos meses. No hay mucha gente que esté dispuesta a sacrificar tanto, porque no se puede ser un viejo al arribar al planeta de destino. Hay que ser joven y brillante al partir, porque, solo de esa manera, la tripulación puede valerse por sí misma y hacer todo lo necesario al llegar: desarticular la nave en satélites y receptores, descender a la superficie para explorarla y determinar dónde establecer el asentamiento definitivo y, sobre todo, abrir el túnel para que llegue la información de manera instantánea y saber qué ha ocurrido con el resto de la humanidad durante el viaje y recibir los datos de los copiados, que son quienes de verdad colonizan el planeta.

Ser viajero es algo muy duro, pero suena heroico y aventurero; por eso, todos aquí fingen ser hijos de los viajeros. Ser copiado se considera pasivo y banal. Ya habrás aprendido que para ellos no hay mayor insulto que la palabra «clon». Mi primer padre no fue capaz de mirarme a los ojos al contármelo, en un susurro («soy un… tu padre es un clon…»). Esperó a cuando consideró que ya era lo bastante mayor para entender que él fue copiado y transmitido, al principio del segundo envío. También mi madre, según él me dijo, porque nunca la conocí más allá de unas imágenes del registro familiar que tú probablemente conoces.

Los compadezco a ellos y a todos los habitantes de nuestro mundo. Ser copiado afecta a la manera de entender la vida. Ser copiado significa aceptar la muerte de tu «original». Nadie te habrá contado (porque muy pocos quieren saberlo) que, en las primeras pruebas de copiado de seres humanos no se borraron los originales y todos acabaron perdiendo la razón, tanto los originales como las copias. Nadie soporta tener otro yo viviendo otra vida distinta. La historia de ese fracaso rotundo fue ocultada en los archivos de almacenes de información. Yo la descubrí por los pocos registros que encontré en los recovecos del almacén general, medio corrompidos la mayor parte de ellos. Y también porque me lo contó mi primer padre, el hombre más valiente que he conocido, capaz de confesar que era una copia de alguien que había sido borrado para preservar su propia identidad y cordura.

Cuando el original de mi padre se presentó como voluntario para el segundo envío a este mundo era muy joven, pero ya estaba solo, sin familia que dejar atrás. Mi padre nunca me dijo el porqué. No sé nada de su origen en la Tierra ni tampoco del pasado de mi madre. Ambos prefirieron que los almacenes familiares y oficiales destruyesen esa información cuando sus originales fueron borrados.

Para mi padre, su vida comenzó realmente al llegar aquí. Como todos los demás, lo ocultó con la mentira del teletransporte a través del túnel, la misma que te habrán contado a ti. Pero la mentira contiene emociones verdaderas. Él me contó que fue como resucitar sin sentir que había muerto. Como un parpadeo: estaba en el tubo de platino sintiendo un calor inmenso sobre la piel desnuda y al instante siguiente se encontraba en una sala absolutamente negra, con un frío que surgía de dentro, tosiendo, hinchando de aire los pulmones recién creados, mientras unos desconocidos se acercaban corriendo y le daban calor con sus propios cuerpos. Ese calor prestado le permitió recobrarse y notar cada uno de los recuerdos acudiendo con rapidez a su sitio. Estaba agotado, pero se sentía él mismo.

Los copiados no tienen que cargar con el dolor de los familiares perdidos, como los viajeros, porque toda su información llega a través del túnel casi de forma instantánea y, si lo desean, pueden seguir comunicándose con los que dejaron allá. Sin embargo, habrás aprendido ya que todos acaban renunciando a esas relaciones, y la mayoría, muy pronto. Estoy seguro de que no conoces a casi nadie que use el túnel para contactar con familiares y amigos. No es solo la distancia; es que se saben otros, bajo nuestro cielo azul pálido.

Sí, los viajeros fundaron la colonia; pero fueron los primeros copiados quienes crearon nuestro mundo y lo hicieron muy bien; soy testigo. Todos eran y son exploradores, científicos con espíritu práctico, acostumbrados a rehacer su trabajo constantemente, a veces desde cero. Personas disciplinadas que saben que su tarea consiste en pequeñas aportaciones, pero constantes. Aunque también construyeron mitos, sin darse cuenta, rodeados de formas de vida que parecen alfombras voladoras, de vegetales eléctricos, de bacterias doradas, de animales que mimetizan la forma de otros, incluidos los seres humanos, para sobrevivir.

Pero pronto aprendieron con dolor una de las grandes limitaciones que imponía su nuevo hogar: no podían reproducirse. Hubo desesperantes conversaciones con la Tierra a través del túnel. Lo podrás ver en los registros del canal oficial, aunque lo de «desesperante» lo he añadido yo. He escuchado una y otra vez la primera respuesta oficial, aséptica: en pocos años estándar sabrían si en las otras dos exploraciones extrasolares iniciadas sucedería lo mismo, lo prudente era esperar. Sin embargo, la prudencia no dio los frutos esperados. El problema solo ocurría aquí, no era algo relacionado con el «teletransporte», decían los informes, sino con el planeta. Por eso continúa el procedimiento de envío de datos para copias. Los humanos no pueden reproducirse aquí, ni siquiera volver a ser copiados desde aquí. Y nada tiene que ver con las adaptaciones biológicas para respirar sin ayudas o para asimilar los alimentos del planeta. Nuestro mundo es así y todos lo han ido aceptando como si fuera un peaje que había que pagar por vivir en un planeta con alfombras voladoras.

A pesar de todo, el milagro sucedió. Antes de que terminara el envío de datos para la segunda fase de copias, nací yo. Para hacerlo más extraño todavía, mi madre formaba parte de las últimas copias del primer envío, así que era ya bastante mayor, en el límite de la edad fértil. Ahora tú eres el segundo milagro y tu madre también está cerca del final de su edad fértil. Al parecer, nuestro mundo hace girar la rueda de la vida poco y cuando nadie lo espera.

Más tarde llegaron los terceros y los cuartos envíos de copias, incluidos niños, algo que ni siquiera se había planteado al inicio del proyecto. Mi segundo padre fue uno de los primeros niños copiados de un original de la Tierra. A partir del quinto envío, los responsables de los proyectos de colonización pensaron que era mejor transmitir a los bebés con sus familias. Les pareció menos cruel. En realidad, a ellos no les parecía cruel, sino «inapropiado». Lo de cruel lo he añadido yo.

Registro 3

Siendo yo aún muy joven de verdad (poco antes de que mi primer padre se quitase la vida y cuando ya me había contado que él y todos los demás eran copias), quise presumir de todo lo que sabía con alguien que me importaba mucho, mi primer amor. Lo peor de todo es que incluso lo planeé. La llevé paseando hasta los altos del sur y, señalando las instalaciones de recepción, tan oscuras en medio de la llanura, le dije al oído que el teletransporte no existía, que no éramos más que copias, ella también. Ella aceptó la conversación como si fuera un juego, fingiendo que sentía miedo de todo aquello. Así que continué, susurrándole que, a veces, más de las que nadie quería aceptar, había problemas con la recepción y tenían que hacer dos y tres intentos hasta que la copia salía bien. Y yo lo sabía porque era mi padre quien había sido el encargado de deshacerse de los cuerpos de las copias fallidas. Los enterraba detrás del complejo del laboratorio principal, porque el suelo es más blando allí y los cadáveres se descomponen con rapidez. Fuimos caminando hasta la parte de atrás del laboratorio, ella siguiéndome el juego, agarrada de mi mano, y yo sintiendo que mi corazón latía cada vez más rápido.

Cuando llegamos, estaba atardeciendo. Fuimos hasta la parte de atrás y, por sorpresa, arranqué parte del suelo con mis botas de campo. En el agujero se veían los tejidos duros de un runo pequeño y humanoide. Ella echó a correr gritando, sin esperarme, sin mirar atrás. Creí que reconocería que no eran más que runos que habían intentado copiar nuestra forma, como copian casi todo lo que piensan que les va a facilitar la vida, que nos reiríamos los dos dejando el miedo a un lado y que nos besaríamos por fin.

Por supuesto, la perdí y lo que contó hizo que los padres de todos mis amigos, mis pocos amigos, me pusiesen la etiqueta de indeseable. Con el tiempo ellos envejecieron mientras yo continuaba creciendo mucho más despacio, y aquella fama se fue diluyendo y acabé siendo lo que he sido para las últimas generaciones: el que se acuerda de todo, el registro vivo de nuestro mundo y buena parte de nuestra historia.

No tuvo nada que ver, pero no mucho después de aquello mi padre se suicidó. Como es costumbre, me asignaron un segundo padre que me cuidó y me contó historias de este mundo y de la Tierra. Nunca fue capaz de hablar conmigo como mi primer padre, ni siquiera traslució que sintiera malestar por haber sido copiado. Celebró como cualquier otro, ante mi sorpresa, la llegada de cada nueva familia, de cada niño, en el receptor, a este lado del túnel. Allí estaba siempre, también, mi primer amor dándoles calor con su propio cuerpo, ayudándoles a comenzar a respirar con sus pulmones recién creados. Ese fue su trabajo durante el resto de su vida.

Registro 4

No te avergüences nunca de seguir sintiendo fascinación por ver volar las alfombras. A tu edad yo seguía pasando tardes enteras tumbado en la llanura, contándolas en el cielo. Mi primer padre decía que, al verlas, era inevitable pensar en antiguos cuentos de la Tierra. En realidad, los niños copiados han recuperado el sentido de los antiguos cuentos terrestres y hablan de magia y sueño, de pedazos de hilo trenzado que se alzan a las órdenes de las voces humanas. Siempre he creído que la realidad es aún más maravillosa que esas historias: que es asombroso que las alfombras sean animales, una variante de los bicordados. De cerca, es evidente que tienen dos columnas vertebrales en los lados largos del rectángulo. La membrana que las une les ayuda a planear sirviéndose de las corrientes de aire. Sin embargo, cuando están ahí arriba, tan lejos, parecen salidas de los viejos cuentos de la Tierra. Como la mayoría son de un azul apagado, camuflándose tal vez en el cielo de depredadores voladores que nunca hemos visto, los niños se cuentan historias de cuando descubrieron una alfombra roja o verde y susurran que existen algunas totalmente traslúcidas.

¿Verdad que es muy triste ver a una alfombra que ha caído al suelo y se retuerce intentando oponerse al viento para que la eleve? Si no lo consigue, los dobles darán cuenta de ella con rapidez. De niño, te habrán asustado con muchas historias de los dobles, los devoradores, los terribles, los que silban justo antes de saltar, con sus dos columnas vertebrales casi pegadas, muy flexibles, rápidos y adaptados a la vida a ras de suelo. Pequeños, ágiles, con dos mandíbulas gemelas casi unidas que dirigen al centro de la membrana de las alfombras. El mordisco no es mortal en sí, pero trastorna de tal modo a la alfombra que se arruga y pliega sobre sí misma durante unos minutos, mientras el doble la mira con sus tubos sin ojos, percibiendo las descargas eléctricas de su sistema nervioso. Cuando la potencia de las descargas disminuye, el doble se acerca despacio, se coloca sobre la alfombra y comienza a devorarla a un ritmo que parece de ritual y que sigue la intensidad decreciente de los impulsos eléctricos de la alfombra. Cuando estos cesan, el doble pierde todo el interés, juega un poco con ella quebrándole en ocasiones las columnas, y luego abandona los restos. Los vegetales (los de verdad y los runos) lo agradecen.

Tengo poco tiempo y no hago más que hablar de cosas que ya sabrás. Pero lo que a lo mejor no sabes es que, cuando los niños recogen una alfombra del suelo para protegerla de los dobles, sus impulsos eléctricos son caóticos y débiles (los niños apenas sienten un cosquilleo al tocarla), pero cuando ya está de nuevo en el aire adquieren un patrón regular de repeticiones rítmicas. Algunos lo describen como una canción eléctrica. Mi padre me dijo que era la manera en que las alfombras nos daban las gracias.

Registro 5

Después de confesarme que todos eran copias, mi primer padre dejó de ser él mismo. Más tarde, supe que estaba muy enfermo; pero había tenido menos miedo de revelar que yo vivía en un mundo de seres copiados que de la enfermedad que lo iba a consumir lentamente, tan despacio que prefirió recorrer el camino de Abinar. Sí, el de las canciones, el que dio nombre a las Paredes de la Buena Muerte. Antes de Abinar solo era «El Paso». Muros verticales de casi dos mil metros, más impresionantes aún al formar un pasillo de apenas metro y medio de ancho. Ambos lados del corredor de piedra parecen unirse antes de llegar al cielo. Las bacterias que viven en su superficie han evolucionado para alimentarse de cualquier animal que toque los impresionantes cortados que separan la región norte de la región sur de nuestro continente.

Un microbiólogo del tercer envío fue quien descubrió esas bacterias y su ingenio inconsciente. El animal se apoya en la pared y las bacterias intercambian unos cuantos átomos con su piel. A su vez, las bacterias están también pegadas a la pared porque intercambian átomos con el mineral. Es un enlace fuerte y débil a la vez. En teoría, sería posible escalar la pared aprovechándose de ese enlace atómico; aunque, en toda mi vida, nunca vi a nadie que lo hiciera.

El problema para el animal que toca esos muros es que la evolución de las bacterias también ha solucionado el problema de la comida que huye. El enlace parcial de átomos incluye el envío de una sustancia que va directa al centro del placer del sistema nervioso de la víctima, que ya no desea separarse nunca más de esa superficie que le hace tan feliz. Ni siquiera cuando empieza a advertir que se ha hecho tarde, que debería irse, que han transcurrido días y noches, que no es más que la despensa de seres microscópicos que tiñen de dorado las paredes del desfiladero.

Recuerda la Canción de Abinar. No sé si la belleza de esa canción fue lo que convenció a mi padre para ir hasta aquellas paredes infinitas y tocarlas con ambas manos. Antes de morir, me dijo que fue como si todos los componentes del mundo le estuvieran hablando y que todas esas voces eran parte de una historia que hasta entonces no había entendido y que quería escuchar hasta el final, pero el final nunca llegaba a través de las palabras doradas de los componentes químicos del universo. Siempre quedaba otro cuento asombroso sin palabras, otra canción nueva sin notas. Él solo deseaba seguir allí, unido al universo, a la espera de que el relato culminara.

Cuando el equipo de rescate lo encontró y lo separó de la pared, llevaba tres días estándar con las dos manos pegadas a la piedra y estaba a punto de morir. Bastaron unos cuantos tirones para separarlo de allí. Sufría daños irreversibles en todo su cuerpo, por dentro y por fuera. Parecía un viejo y solo sobrevivió una semana más envejeciendo a una velocidad como nunca nadie había visto antes. Ni hubo mensajes alienígenas ni palabras reveladas por dios alguno, conocido o desconocido, cordado o bicordado. Eso me pareció entenderle. Solo dijo que era maravilloso seguir pegado allí, sintiendo aquella felicidad tranquila, aquella sensación de formar parte de algo hermoso, aquella espera de un final todavía más bello que la propia historia coral de todas las piezas del mundo.

En la canción, Abinar escucha todos los misterios del universo pegado a aquellas paredes con las que se fundió en una buena muerte, pasando a formar parte de la esencia de nuestro mundo. Es un buen final para la historia, aunque sea mentira, porque el final de mi padre no fue más que la muerte, mucho peor que la que le habría causado su enfermedad. Pero yo nunca corrijo a los que cantan o cuentan la historia de Abinar, porque mi padre habría merecido ese final.

Registro 6

Mi tiempo se termina, a pesar de haber disfrutado de tantos años estándar. ¿Sabes que a veces pensé que viviría para siempre? Debería haber comprendido mucho antes que compartía la parquedad de esta naturaleza donde he nacido; que llegado el momento en que este mundo mío me permitiese reproducirme gracias a la mujer que tanto quiero, esta naturaleza avara prescindiría de mí. Me consumo casi como si estuviera tocando las Paredes de la Buena Muerte. No escucho ninguna armonía ni siento el cosmos del universo; pero sí la maravilla de este mundo al que pertenezco. Espero llegar al día de tu nacimiento y acertar a reconocer que el niño que agarrará mi dedo es alguien a quien quiero.

Si creces tan despacio como yo, seguirás teniendo quince años aparentes bastantes años estándar después de abrir este registro. Si la Tierra y las estaciones así lo siguen queriendo, conocerás niños copiados que dejarán de ser jóvenes más rápidamente que tú, y los que fueron jóvenes contigo serán adultos antes que tú, y los verás envejecer y morir. Pero no tengas miedo de crear lazos. Se sufre cuando desaparecen, sí, pero también recibirás mucho.

Sé consciente de que estarás solo y no habrá nadie más que yo, desde estos registros, para decirte qué se siente. Tú y yo somos como toda la vida de este planeta, limitada, preciosa, un poco extraña, un lujo en más de un sentido. Un mundo maravilloso que tiene hasta alfombras voladoras. Y cuando traspases la barrera de los veintiún años aparentes, serás uno más en los trabajos de esta comunidad que no puede reproducirse. Incluso yo no seré ya más que una copia, unos registros dentro del almacén familiar. Y tú, verdaderamente, el único ser humano original de este mundo.

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