Encuentro con Gabi Martínez: de la escritura al activismo (y viceversa)

El sábado pasado tuve la suerte de conocer a Gabi Martínez, autor, entre otros, de Un cambio de verdad. Una vuelta al origen en tierra de pastores. Fue en la librería Albatros, icónico punto de encuentro de todos los hispanohablantes que nos encontramos en Ginebra y alrededores.

Había comenzado a leer Un cambio de verdad esa misma mañana, y me había atrapado de inmediato por su prosa sencilla y certera, su autenticidad y, sobre todo, porque las serenas planicies de la Dehesa extremeña se me habían abierto ante los ojos en apenas unas páginas. Y esas páginas prometían además desvelar secretos de sus discretos habitantes que podrían ser vitales en estos momentos.

Cuando llegué a Albatros, Gabi conversaba ya con un pequeño grupo de asiduos de la librería, incluido el librero, el ínclito Rodrigo, al que le debemos tantos encuentros literarios. Tras la pequeña interrupción que supuso mi llegada, se retomó el tema en torno al libro y a la experiencia que lo había suscitado: Gabi Martínez ha pasado seis meses cuidando a un rebaño de ovejas en La Siberia Extremeña. Nos contó que en las noches de invierno las temperaturas podían descender hasta tres o cuatro grados bajo cero. Algo que sorprende, cuando se habla de una región asociada al sur. «Extremadura es una gran desconocida», dice Gabi, y entonces se lanza a hablarnos con pasión de la Dehesa, ese espacio híbrido y armónico entre lo humano y lo natural que ha construido durante siglos el saber hacer del pueblo extremeño.

Se nota que a Gabi le importa mucho más hablarnos de la realidad de ese espacio que de él, o de su libro. Nos describe la Dehesa, sus encinas, sus animales negros: la cigüeña, el gallo, el buitre, la oveja merina, por supuesto. Nos cuenta cómo esta raza autóctona de ovinos se fue dejando de lado por motivos comerciales, hasta el punto de que hoy la lana de merinos se asocia más con Australia que con España.

De ahí, Gabi enlaza con otra de las cuestiones que le importan —y mucho—, como nos importa en LíbereLetras: la forma en que las «narrativas» van construyendo nuestra realidad y el impacto que tienen, para bien o para mal. Por supuesto, sale a colación ese discurso de «libertad» con el que acaban de endilgarnos una buena andanada en Madrid (cuando se entera de que soy madrileña, Gabi me dice «lo siento», inclinando la cabeza). Entonces cuenta, para las personas presentes que no son españolas, cómo se ha utilizado esa palabra, vacía de contenido real, para ganar unas elecciones, encubriendo con ella la deleznable actuación del Gobierno de la Comunidad de Madrid durante la pandemia.

«Pero salgamos también de la cultura de la queja», dice Gabi con tono vehemente. «De acuerdo, el gobierno no hace nada, ¿y tú? ¿qué haces tú? ¡Hagamos nosotros también nuestras narrativas! Necesitamos narrativas de la naturaleza, personajes, imágenes, símbolos que nos lleven hacia donde queremos!«. Y añade «¡Y un verdadero partido verde aglutinador!». Cito estas palabras de memoria, así que quizás no sean exactas. Pero me infundió fe, su discurso y, sobre todo, el modo en que toda su persona parece desprendida de sí misma, orientada al afuera, a la naturaleza, a lo colectivo, a las ovejas negras…

Gabi Martínez en Extremadura

Sin duda, la experiencia de seis meses aprendiendo pastoreo en La Siberia —a la brava, es decir, sin luz eléctrica ni agua corriente— en un refugio entre -4 y 7ºC, sin más compañía que sus propias ovejas y una perra mastín que le dejaba solo días enteros, no es ajena a su postura vital.

En un momento quedo sola hablando con él, y entonces Gabi me cuenta cómo pasó del periodismo a la literatura, de esta al activismo, y de vuelta a la literatura, como forma esencial de construir narrativas, entre otras, las necesarias para avanzar en una dirección que nos ayude a salir de la crisis medioambiental y social en la que nos encontramos.

En plena crisis también personal, Gabi buscó en la cultura de su madre, pastora manchega emigrada a Cataluña, el sustrato y el sustento moral que necesitaba para seguir adelante. Y vuelve a hablarme de algo que ya había evocado durante la conversación: el festival que están montando en Tamurejo, uno de los pueblos de La Siberia que le enseñó a ser pastor, sobre literatura de la naturaleza: Liternatura.

Cartel del próximo festival Liternatura de Tamurejo

Según veo en la web, ya se han celebrado dos ediciones de este festival, una en Barcelona en 2018 y otra el año pasado también en Tamurejo, que giró en torno a la figura de Miguel Delibes.

Para Gabi, este festival es un modo de «crear narrativas» para reivindicar el mundo rural sostenible en positivo, desde la acción. Y también de apoyar a su amigo, el pastor Miguel Cabello, en su gesta por la recuperación sostenible de la merina negra. «Hay sitios donde el negro no entra. Pero aquí lo he metido yo», le dijo Miguel a Gabi en cierta ocasión «rodeados de achicoria, tréboles y verdolaga». Y le contó la historia de esta malograda raza extremeña:

«En los orígenes, la mayor parte de las merinas eran negras. Pero el color se retocó cuando los comerciantes de ganado detectaron que la lana blanca se podía teñir con cualquier tinte, mientras que la negra resultaba inmutable. Era una lana más fina… que no se podía disfrazar. En ese instante, despegó uno de los grandes movimientos cromáticos de la historia animal, consistente en ir borrando a las ovejas negras como si se tratara de manchas mientras se estimulaba el cuidado y reproducción de las pálidas, que hasta entonces eran minoría. La conclusión es que la gran madre del cordero blanco fue, es y quién duda que será, el dinero.» .

Un cambio de verdad, de Gabi Martínez (pág. 72)

El festival Liternatura se celebrará este año los días 25 y 26 de junio, de nuevo en el pueblo de Tamurejo, y promete ser un encuentro fantástico entre la literatura y la naturaleza.1

¡Ovejitas negras, La Siberia nos llama!


Créditos

Fotografías cedidas por Gabi Martínez.

Notas

  1. Podéis descargaros un listado de alojamientos aquí.

4 thoughts on “Encuentro con Gabi Martínez: de la escritura al activismo (y viceversa)

  1. Qué interesante todo, gracias

    1. Lola Illamel 13/05/2021 — 09:36

      Muchas gracias, Alfonso.

  2. La memoria histórica también puede hundir sus raíces en la naturaleza. La historia del patito feo en nuestra dehesa extremeña, contada al revés. Es como si descubriéramos que el supuesto gen recesivo del patito feo fue en algún momento, antes de que se instalase el reino mercantil, el gen cotizado. «Esa lana más fina…que no se podía disfrazar». En efecto, la madre del cordero. Fascinante.

    1. Lola Illamel 15/10/2021 — 18:04

      Efectivamente, Pedro. Gracias por apuntar a esa conexión entre memoria histórica y naturaleza. Esencial en estos momentos.

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